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Escenario Dungeons and Dragons

Hoy nos encontramos en la corte del rey. Un lugar de fiesta, de intrigas, de refugio… Todos los reinos de fantasía tienen reyes. Y reinas. Podrás incluir este escenario fácilmente en cualquier campaña en el momento en que los personajes tengan que hablar con altas instancias. Y, si no eres muy de hablar, utiliza el mapa para plagarlo de monstruos y tener una mazmorra, el típico escenario de Dungeons & Dragons.

Situación

La corte del rey está en la planta baja del castillo. Tiene salida directa a uno de los patios interiores, por lo que es de lo primero que los visitantes se encontrarán, si entran por las puertas habituales. Justo encima se encuentran las habitaciones, y las tablillas del suelo de estas permiten a la reina ver qué ocurre abajo cuando ella se supone que ya se ha retirado a sus aposentos.

La entrada a la corte pasa por una enorme puerta de doble hoja, que un sirviente abre con esfuerzo. Os dais cuenta de que varios caballos podrían pasar por ella a la vez sin dificultad. En el interior las paredes están iluminadas con candeleros, y una gran lámpara de araña domina la estancia desde el centro. A los lados largas mesas descansan apoyadas sobre las paredes mientras no son usadas y al fondo, sobre unas escaleras, están el trono de la reina y el rey, decorados con cortinas granates tras ellos.

Personajes no jugadores

La corte real es un lugar donde mucha gente distinta se da cita, casi todos ellos con intereses bien concretos y, en muchos casos, contrapuestos. Dejando aparte el servicio, que es numeroso, el resto de pobladores y visitantes tienen siempre algo que conseguir allí.

El rey

El rey tiene unas pobladas cejas, sobre unos ojos diminutos y sin brillo. Parece como si el tiempo le estuviera cobrando la vida por adelantado puesto que no se ve especialmente bien para su edad. El porte erguido de las monedas ya pasó a mejor vida, y su altura ahora se ve reducida en lo que parece un encogerse de hombros ante la situación, ante la vida.

Nunca llevó una vida sencilla. Ya de niño, su padre lo llevaba con él a todas y cada una de las reuniones y campañas, para que se acostumbrara al cargo. Eso incluía levntarse antes de que saliese el sol, invertir largas horas en leer pesados y aburridísimos manuscritos, no jugar con otros niños…

Llevar un reino es duro. Pero cuando no cuentas con apoyos en ningún lado es mucho más duro aún. El rey se siente solo en su cargo, en su familia, en su casa. Esta sensación le ha ido amargando el carácter y ahora vive únicamente por y para sus obligaciones. No tiene tiempo para sí y, cuando lo tiene, no sabe qué hacer con él.

La reina

Habíais oído historias sobre la reina. Sobre sus ojos vivos y una forma de mirar que puede atravesarte el alma y leer tus intenciones. Las habladurías no iban desencaminadas. Sin ser mucho más joven que su marido, su forma de caminar erguida y su constante con atención en el servicio la hacen parecer que pertenece a otra generación.

Se prometió que el matrimonio con el rey sería lo último que decidirían por ella. Desde entonces, la reina ha ido poco a poco haciéndose con el control de todo en el palacio. No hay nadie que sea contratado o despedido sin que ella lo sepa, gasto que no se haga con su consentimiento.

Su relación con el rey es cordial. A él le da la sensación de que ella está suficientemente «entretenida» con los asuntos de palacio, e ignora que sabe mucho más que él en unos cuantos asuntos que conciernen al reino entero. Ha tenido algunas propuestas de jóvenes hermosos, pero no tiene tiempo ni ganas para una relación extramarital.

El chambelán

El hombre diminuto de ojillos entrecerrados se mueve con una soltura pasmosa. Tiene un monóculo colgando de su chaqueta, con el que inspecciona telas, comida y otros trabajos, y firma los documentos antes de que lleguen a tocar la mesa. Viste de lana y felpa, y siempre tiene un pañuelo cerca de la mano

El encargado de las «cosas del hogar» adquiere, en palacio, una relevancia inusitada. Ya solo estar al servicio de la reina es de por sí muy demandante, pero incluir además las cosas que el rey le ordena y no le competen es demasiado.

Afortunadamente, el chambelán es un hombre diligente, no es amigo de la bebida y no tiene familia. Su trabajo se ve recompensado con grandes honorarios, aunque no sepa siquiera en qué gastarlos.

Ideas de aventuras

El sucesor

El rey no tiene aún quién le suceda. Eso es algo que preocupa a los nobles locales ya que, si bien la reina aún es relativamente joven, el asunto se está demorando más de lo debido. El rey y la reina están haciendo todo cuanto está en sus manos por traer al mundo un sucesor, pero la cosa no marcha. El chambelán puede contactar con el grupo de personajes para dar con una mujer embarazada que pueda mudarse a una zona secreta del castillo hasta que dé a luz y les entregue al bebé o, si no la encuentran, quizá alguno de los personajes esté dispuesto a arreglar el asunto en privado él mismo con la reina.

El oro del chambelán

Ha llegado a las tabernas la enorme cifra que el rey paga al chambelán por sus servicios. Viendo el modo de vida austero que lleva y que no tiene familia alguna, los ladrones de la zona ya han echado cuentas y concluido que debe de haber una enorme cantidad de monedas de oro por algún lado. Los personajes pueden formar parte tanto del grupo de asaltantes como de una investigación que trate de averiguar quién pretende hacerse con el oro y desbaratarlo.

El amante de la reina

Ha llegado un hombre que va por ahí diciendo que es amante de la reina. Por la buena fama que esta tiene esto parece del todo imposible, pero el hombre aporta datos muy concretos que solo podría conocer si hubiera tenido acceso a zonas muy concretas del castillo, y además dice que tiene pruebas para demostrarlo, llegado el caso. Desde palacio se erquiere que los personajes averiguen cómo ha obtenido el hombre la información y que lo hagan callar. De un modo u otro.

Mapa

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