Reseña: Hábito y mortaja
Leo Vicar continúa su historia desde el penal de El Cabracho. Lo que es verdad y lo que no depende de lo que quiera contarnos él, porque, al fin y al cabo, esta es su historia. Lo que está claro es que, si estás dispuesto a escucharle, no te va a dejar indiferente.
No creo que muchas personas puedan decir que la adolescencia sea un periodo fácil, pero la de Leo merece ser escuchada. Merece ser leída. Porque entre estas páginas encontrarás respuestas a la pregunta que, como lector, lleva rondándote desde el primer libro: ¿puedo justificar a un condenado a muerte?
Hábito
Carlos Di Urarte tira abajo la puerta del Grimdark con este libro, y lo hace desde la primera página.
Regresamos a Santa Perpetua y Sancta Felicidad, el convento al que ha sido destinado Leo Vicar tras los acontecimientos de Salitre y Cenizas.
Si buscabas magia, aquí la vas a encontrar. Pero no una magia espectacular o complaciente, sino una que nace de la curiosidad de un adolescente que decide romper con las figuras de autoridad que hasta ahora habían marcado su vida. Un adolescente iracundo, resentido, dolido y desafiante.
Leo ya no es aquel muchacho que salió de Sancta Andara. Instalado en el Convento, se convertirá en aprendiz de una bibliotecaria que no solo custodia libros, sino también secretos. Y, con ellos, encontrará un camino hacia el conocimiento.
La vida pone, a veces, compañías peculiares a nuestro lado. En este caso deberéis prestar atención, porque los personajes secundarios que aparecen a lo largo de esta primera parte poseen un magnetismo propio y persiguen intereses muy distintos. Todo se convierte en un constante tira y afloja entre información, supervivencia y ambición.
Las distintas voces que utiliza el autor para guiarnos por el Convento y por el trasfondo del mundo que ha construido, soltándonos la información justa para que hagamos lo que podamos con ella mientras vemos venir el desastre, son fascinantes.
Viajaremos al pasado y descubriremos más sobre la Diestra y la Siniestra, criaturas, entes, fantasmas, demonios, códices, mentiras, misterios, secretos, traiciones, juegos de poder y figuras de autoridad. También profundizaremos en esa religión tan peculiar y retorcida que Carlos Di Urarte ha creado para que sonriamos al reconocer cuánta realidad puede caber dentro de una novela de fantasía.
Y, si esa fantasía es Grimdark, con su humor cínico, ácido e irónico, mejor todavía.
La crítica social, política y religiosa es deliciosa. Todo ello se mezcla con referencias históricas nacionales fácilmente reconocibles que consiguen que nos sometamos a la historia, que nos enganchemos y sintamos cómo el autor ha lanzado un anzuelo desde tu realidad para arrastrarnos a la suya. Y, cuando queremos darnos cuenta, no podemos escapar.
Mortaja
No sé cómo describir la parte de Mortaja, porque no es algo que haya leído; es algo que he vivido.
Durante toda la primera parte, Carlos Di Urarte ha colocado cada pieza en su sitio. Ha construido a un personaje al que ya conocemos. Le hemos visto crecer, enfadarse, equivocarse, avergonzarse, entristecerse, desafiar al mundo y decepcionarse. También conocemos al Leo adulto: sabemos dónde está, sabemos que está condenado a muerte y sabemos que han ocurrido muchas cosas para llegar hasta ahí.
Pero aún te falta la pieza más importante.
Leo va a enfrentarse a su pasado en plena adolescencia. Afronta y enfrenta, y eso requiere valentía. Pero también descubriremos que no es fácil contener tanta rabia, tanta culpa y tanto dolor cuando todavía eres demasiado joven para entender qué hacer con ellos.
Hay un interludio que comienza en la página 357. Trata de las consecuencias de un acto terrible. Y, mientras lo leemos, nuestra mente empezará a pedir más. Vamos a justificar lo injustificable. Vamos a disfrutar de cada golpe narrativo. Y, cuando nos damos cuenta de lo que estamos deseando que ocurra… ya será demasiado tarde.
Eso es el Grimdark.
Lo que sí haremos como lectores será encontrar algunos de los puntos de inflexión que responden a preguntas que llevábamos haciéndonos desde el principio. Porque no puede justificarse todo… ¿o sí?
No somos perfectos. Pero tampoco somos inocentes cuando elegimos qué batallas librar y cuánta venganza estamos dispuestos a abrazar.
Como dice Leo Vicar:
«Que creas que soy culpable o inocente te define más a ti que a mí.»
Y ahí está la verdadera pregunta que, para mí, plantea esta novela: ¿hasta dónde estamos dispuestos a justificar a alguien cuando ya conocemos toda su historia?