Dibujos de personajes de D&D con inteligencia artificial
Mi padre decía que solo los tontos y los muertos no cambian de opinión. Y una de las dos cosas, de momento, no soy.
Es por eso que esta nota la escribo en primera persona, porque soy yo, David Monedero, quien, como director de Espada y Escudo, ha de asumir está rectificación.
Ha pasado ya mucho tiempo desde ese noviembre de 2022 en que se publicó este artículo. Aquellos tiempos de una IA primigenia, que aún se hacía un lío dibujando dedos y que nos parecía cosa de ciencia ficción. Ahora sabemos mucho más de ella, de cómo trabaja, de qué se nutre y qué recursos requiere.
Los precios de las memorias RAM están por las nubes, y el stock está siendo comprado directamente en fábrica por grandes tecnológicas que no dejan que un señor de Huelva pueda comprarse un ordenador a un precio normal. Los centros de datos están ocupando áreas enormes (en casos como este, a costa de árboles y zonas naturales), consumiendo más agua que poblaciones enteras, incrementando la temperatura de su entorno y generando ruidos insoportables que no permiten a los seres vivos establecerse en su entorno.
Y, en el caso del arte, robando el trabajo de artistas humanos reales. ¿Que una IA puede escribir imitando el estilo de Jane Austin? Claro. Lo vemos a diario. ¿Que una IA puede pintar imitando el estilo de Pablo Picasso? Bueno, eso ya un poco menos, pero me temo que es cuestión de tiempo. Lo importante aquí no es lo que una IA puede o no puede hacer, porque el hecho de que algo pueda hacerse no significa necesariamente que deba hacerse.
El arte es, para mí, algo inherente al ser humano. Y a la elefanta aquella que cogía un pincel con la trompa, si me apuráis. Pero ya. El resto, si bien pueden tener cierto interés como ejercicio tecnológico, no es más que «ruido», basura visual que estamos pagando cara.
Es por eso que eliminamos este artículo y este otro. Porque no refleja la línea editorial que Espada y Escudo quiere tener respecto al uso de la Inteligencia Artificial generativa.
Ojalá algún día la IA nos ayude a curar el cáncer, conseguir energías alternativas viables y eliminar las diferencias sociales. Hasta entonces, lucharemos para que el arte sea de humanos para humanos.